- Nos rendimos, reconociendo que Dios es soberano.
- Creamos un ambiente donde el Espíritu Santo se manifiesta.
- Nuestra alma es sanada, restaurada y dirigida hacia la verdad eterna.
- Dejamos de mirar las circunstancias y ponemos los ojos en Aquel que tiene el control.
“Pero la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren.”
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